“Como mujer trans, pensé que era normal”: #MiPrimerAcoso

jessica mi primer acosoLa histórica marcha de mujeres contra las violencias machistas del 24 de abril pasado es un esfuerzo de miles de mujeres en todo el país. Unidas en cientos de voces, hartas de feminicidios, de violaciones, de la explotación de nuestras cuerpas, de la masacre que ocurre día a día contra las mujeres por razones de género; eso nos hizo salir a las calles unidas para denunciar públicamente las violencias machistas.
 
“Más de 7 mujeres asesinadas diariamente, a manos de feminicidas, no es normal. El caso de Ángela, una niña de ¡2 años! que fue abusada sexualmente y su cuerpo encerrado sin vida en una maleta sin reclamo alguno, no es normal. Miles de mujeres precarizadas, en la pobreza, muriendo por abortos clandestinos y sin acceso a la salud, no es normal. Vivir con miedo de ser tocada en las calles, agredida, manoseada, violada o asesinada, no es normal. Un Estado que no investiga feminicidios y obstaculiza el acceso a la justicia cuando las mujeres denuncian, no es normal. Lesbofobia y transfobia que terminan en crímenes de odio, no es normal”.
 
Este llamado autónomo, feminista, de autodefensa, lesbotransdisidente, y de justicia, nos llevó a reflexionar y denunciar las violencias en los espacios públicos y privados. En redes sociales, cientos de mujeres narraron con el hashtag #MiPrimerAcoso las maneras tan crueles con las que les fue arrebatada su tranquilidad desde la infancia por actos de pederastia y misoginia.
 
Las historias y su dimensión concuerdan con los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en la que México tiene el primer lugar en abuso sexual, homicidios y violencia física contra menores de 14 años. Según la ONU, el 70% de las mujeres en EL MUNDO sufre violencia en algún punto de su vida. Se trata de actos que comienzan desde el hogar, en las calles y en áreas de trabajo. Se advierte que en el mundo una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por su pareja.
 
En este sentido las encuestas nos dan un panorama alarmante; y el gobierno, al omitir la implementación de medidas sustantivas que detengan las violencias, se convierte en un cómplice silencioso.
 
No, no es normal. #MiPrimerAcoso lo encuentro en dos ocasiones de mi vida.
 
El primer momento lo identifico en la infancia, cuando era niño y socialmente se me percibía como un varón, y en particular un “varón afeminado”. En la escuela, los niños siempre me molestaban e insultaban por mi manera de ser; ya que en este país, como en la mayoría del mundo, dentro de la cultura lo femenino es razón de inferioridad, y en una persona nacida con un pene es motivo de ridiculización constante, la cual empieza desde una burla, continúa con golpes o actos de abuso sexual y termina en el asesinato o suicidio de esa persona.
 
Recuerdo que un día, uno de los hermanos de una de mis tías lejanas, él tenía 15 años, me obligó a practicarle sexo oral a la edad de 5 años, diciéndome que eso me gustaba porque era una “niñita” y que era un juego que nadie se tenía que enterar. Yo no lo supe hasta que llegué a terapia en la adolescencia y pude identificar lo que había vivido en un espacio seguro. Lo sigo repudiando y sé que NO ES NORMAL.
 
#MiPrimerAcoso como mujer trans
 
Asumir el acoso como mujer trans tiene particularidades que no se logran identificar a primera vista entre mujeres trans y la sociedad. La feminidad de una mujer trans enfrenta circunstancias distintas a la de una mujer no trans (cisgénero). Como mujer trans tu feminidad se ve sometida a las condiciones sociales de exclusión y la insistencia social por mirarte como hombre desde la infancia.
 
El hecho de haber nacido con un pene, que la sociedad te imponga una identidad y obstaculice sistemáticamente tus expresiones es sólo el principio, luego se suma la desinformación sobre la identidad de género y derechos que la reconozcan en todos los espacios, seguido por los contextos que suelen tener dimensiones distintas que agravan o favorecen tal situación. No es lo mismo ser una mujer trans que cuenta con el apoyo de su familia, o se desenvuelve en un ambiente laboral favorable, a quien es expulsada de su hogar y se dedica al trabajo sexual, pues las violencias en el espacio público son mayores.
 
Recuerdo que cuando me asumí como mujer trans e identifiqué mi identidad de género como mujer, buscaba mucho que se reafirmara mi feminidad entre los hombres y cedía frente a sus miradas, sus tocamientos, sus piropos y sus condiciones cuando se me acercaban.
 
Veo que esto le pasa a muchas compañeras trans al inicio de su transición y posterior a transicionar. No es normal, hermanas. Hasta ahora he reflexionado que ser mujer no es todo lo que se nos dijo cuando socialmente se nos identificaba como varones. No repitamos las mismas prácticas misóginas, machistas y las adoptemos creyendo que hay que estar a satisfacción del consumo y aprobación masculinas. Muchas veces la rivalidad entre compañeras trans en los espacios públicos se da a partir de estas ideas heredadas, de que las mujeres deben de estar en competencia, de que la hipersexualización de los cuerpos y la búsqueda del deseo del hombre heterosexual es lo que define cuánto vales.
 
“Llegué a pensar que, por ser mujer trans, cuando los hombres me chiflaban, acercaban su pene, me abordaban en la calle y me seguían, era normal. Incluso cuando otras mujeres trans emitían comentarios lascivos y yo respondía de la misma forma o cuando algunos familiares cuestionaban mi manera de ser y expresar mi feminidad era algo que tenía que vivir”.
 
Compañeras trans, este es un llamado para sumarnos y repensar desde los feminismos y sus diversidades. Históricamente, la lucha de las mujeres y lesbianas feministas se ha dirigido hacia la emancipación. Cuestionar lo que nos dijeron que era normal y significa ser mujer se convierte en el punto de partida hacia la reflexión histórica, estructural y cultural del día a día. Es necesario apostar por formas diversificadas de identificarnos, expresarnos y vivir libres de violencias.
 
Urge que las cifras oficiales que dimensionan las violencias hacia las mujeres contemplen a mujeres trans, bisexuales, intersex y lesbianas. Continuar omitiendo la identidad y expresión de género, la orientación sexual y características sexuales de las víctimas es invisibilizar las violencias motivadas por estas condiciones.
 
El silencio y verlo común no es la opción; escucharnos, sentir empatía y denunciar juntas, SÍ.
 
Sé que es angustiante y causa incertidumbre mirar el panorama, no hay recetas perfectas, pero podemos generarlas colectivamente. Es un proceso que nos afecta a todas, nos atraviesa el cuerpo y la historia.
 
Como aliadxs de las luchas de las mujeres en sus diversas formas de ser, es necesario respetar nuestros espacios identitarios; hay cuestiones específicas que vivimos y enfrentamos.
 
Las alianzas son un principio para interseccionar, espejear las vulnerabilidades y dimensionar las magnitudes. Nadie está omitiendo las violencias hacia los hombres cuando se trata de hablar de la gravedad que enfrentamos las mujeres día a día, sólo estamos haciendo evidente lo que por siglos ha quedado impune, se ha normalizado y la justicia ha obstaculizado. Antes de ver “separatismo” hay que voltear a ver la historia de las mujeres, de sus derechos y libertades, teniendo en cuenta que es necesario reunirnos desde nuestras cuerpas, nuestras historias, nuestros desafíos cotidianos.
 
No vamos solas por el mundo, nos tenemos a nosotras mismas.
 
“Creyeron que nos enterraban pero no sabían que éramos semillas… “ #VivasNosQueremos #PrimaveraVioleta

Autor entrada: Jessica Marjane Durán Franco

Defensora de Derechos Humanos | Fundadora de la Red de Juventudes Trans | Asesora Jurídica LGBTI