Migrantes transgénero: Entre el sueño americano y la realidad transfóbica
La primera vez que Johana supo sobre México fue gracias a una telenovela mexicana que era transmitida en Ahuachapán, El Salvador, lugar de donde es originaria.
Por David Olvera (@davelicos_)
La primera vez que Johana supo sobre México fue gracias a una telenovela mexicana que era transmitida en Ahuachapán, El Salvador, lugar de donde es originaria. Las ciudades, paisajes y personajes que veía en la trama le hicieron desear conocer nuestro país con la esperanza de encontrar en él un lugar donde, como mujer trans, la violencia y la discriminación le fueran ajenas.
“Mi familia se dio cuenta que era diferente porque empecé a usar la ropa y los labiales de mi abuela. Fui expulsada de la escuela porque me besé con un niño. Siempre me incliné a hacer cosas de niña que de niño”.
“Ellos decían que no era normal. No podían perdonar el hecho de que no soy hombre, sino una mujer trans. No entendían qué hicieron mal, así que decidí fugarme de mi casa”.
Su infancia fue un recorrido trazado por la calle, el Instituto Salvadoreño de Atención al Menor y los constantes regresos a su casa. Esto, aunado a la discriminación que padecía en la escuela, le impidió culminar un grado escolar. Todo lo que ha aprendido es gracias a su experiencia en el activismo a favor de la población trans y el trabajo continuo con organizaciones civiles.
“Cuando era chica y vivía en la calle pedía dinero en los camiones, la vida es dura, te cansas de eso. La primera vez que salí de El Salvador fue cuando tenía 9 años, lo hice con ayuda de una señora que conocí cuando vivía en la calle. Me fui con ella a su casa en Guatemala, pero cuando cumplí doce me deportaron. Después intenté varias veces llegar a México pero sólo lograba llegar a Guatemala”.
El rumbo de la vida de Johana cambió drásticamente el 30 de mayo de 2015, cuando fue testigo del asesinato de una mujer trans y activista de El Salvador, quien murió a manos de una pandilla, cuyos integrantes también intentaron asesinarla, por fortuna logró liberarse de esa situación.
Esa fue la razón que la llevó a escapar de su país y emprender un camino en busca de asilo y sobrevivencia.
De acuerdo con la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político de nuestro país, el asilo es la protección que brindan los Estados a personas extranjeras que se encuentran en su territorio, debido a que son perseguidas o amenazadas.
En nuestro país existe una institución encargada de recibir a las personas solicitantes de asilo, se trata de la Comisión Mexicana de Ayuda al Refugiado (COMAR). Asimismo, México ha firmado diversos tratados internacionales para el reconocimiento de los extranjeros como refugiados.
De acuerdo con datos de la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) el 84% de las personas que solicitan asilo en México son provenientes de Centroamérica (Honduras y El Salvador). Cifras de la COMAR indican que de 2011 a 2015 se han recibido 8 mil 419 solicitudes de asilo, de las cuales sólo 2 mil 175 resultaron en el reconocimiento de la condición de refugiados.
Emprender el viaje
“Será mejor que te hubieran matado”, le gritó una mujer indígena inmigrante a Johana mientras ambas esperaban ser atendidas en Guatemala para recibir asilo.
“Cuando estaba en Guatemala, las autoridades me trataron muy mal, me dijeron que era hombre y que por lo tanto me iban a tratar como tal, me pidieron que me quitara el cabello y me quitara los senos porque no me podían tomar fotos así. No hice nada, nunca me he hormonizado, mis chichis son postizas pero igual forman parte de mí y mi identidad. Realmente me sentí indignada”.
Finalmente, un organismo internacional le aconsejó y la apoyó para ingresar a México como refugiada.
“Yo me enamoré de México. Yo lo vi por primera vez en mi casa en las telenovelas en El Salvador y dije «Guau, qué bonito México». Vi los paisajes y los concursos de artistas, vi todo lo sofisticado que México tiene y dije «Quiero vivir en ahí». Luego se dio el despunte de los movimientos de la diversidad sexual y el matrimonio igualitario y con más razón quise vivir ahí”.
El primer lugar que Johana pisó en México fue Chiapas, desafortunadamente tuvo que abandonar el estado, pues quienes la habían agredido en El Salvador, la siguieron e intentaron matarla.
Eso la llevo a escapar hacia la capital del país, una vez instalada en la Ciudad de México, Johana se enfrentó a la imposibilidad de encontrar empleo debido al rechazo basado en su expresión de género.
Por lo que para sobrevivir se dedicó durante un tiempo al trabajo sexual; además tuvo que dormir a las afueras del Monumento a la Revolución, situación que la vulnerabilizaba frente a otras personas, como algunos policías que la extorsionaban para dejarla quedarse o pasar la noche en el Metro.
México frente a la inmigración LGBTI
La Ley sobre Refugiados y Protección Complementaria y Asilo Político contempla al género como una razón de otorgamiento de asilo, ya que es considerado una motivación de huida por temores fundados, esta causal además incluye la orientación sexual de los solicitantes. En ese sentido Jorge Ríos Treviño, abogado del Área de Solicitantes de Asilo de Sin Fronteras, una organización con 20 años de experiencia que brinda asistencia legal a personas refugiadas, señaló en entrevista para DESASTRE:
“En México existe una causal adicional para ser considerado como refugiado. Esta causal que es la de género permite reconocer a personas que vienen de África como refugiados, ya que existen muchos países donde la homosexualidad está penada”.
“El principal problema para los inmigrantes de la comunidad LGBT es que al momento de llegar a México, con esta política de detención generalizada, son aprehendidas. Hace dos años hubo un caso de una persona trans que no se sentía a gusto en la estación migratoria, debido al acoso que vivía. La resolución de los encargados fue enviarla a la zona donde tenían casos de problemas psiquiátricos.
“Las condiciones de detención suelen ser muy duras y en libertad la autoridad es renuente a reconocer la identidad de las personas trans. Hay una falta general de modelos de atención aterrizados a la población transgénero, la cual necesita de una acompañamiento más puntual. Falta más acción”.
El abogado señaló que quienes trabajan en el gobierno en temas de refugio saben poco de la legislación en torno a los derechos humanos, ya que que existe escasa información disponible y no hay diagnósticos sobre el tema; además no hay políticas claras en la materia.
“¿Qué está pasando con esta población extranjera que atraviesa por una situación de exclusión social? Normalmente no tienen trabajo, vienen perseguidos, es muy difícil que logren tener cierto grado de estabilidad, y muchas veces lo que estamos viendo es que para ver resultados duraderos deben reasentarse en otro país. Pese a que México, específicamente la Ciudad de México, tiene legislaciones de avanzada en el tema, no se puede”, reflexionó Vladimir Tlali Zuñiga, subcoordinador de Desarrollo de Proyectos de Sin Fronteras.
“Queda pendiente saber qué tan habitable es la Ciudad de México para las personas LGBT”.
Decir adiós
Pese a que la idea de dejar de lado su sueño de vivir en México no es completamente de su agrado, Johana sabe que esta oportunidad puede representar un cambio para mejorar su vida. Por ello está segura de emprenderse en este nuevo proyecto llamado reasentamiento.
“Cuando llegué a México todos me hablaron de Estados Unidos pero yo nunca quise ir ahí, lo intenté pero siempre llegaba a la frontera, miraba el río y decía «Para qué quiero ir al otro lado». Siempre llegaba a la frontera y me decía «Mejor me entrego a migración y me regreso»”.
“Yo no entiendo la concepción del sueño americano. Yo tuve el sueño mexicano y realmente no lo cumplí, pero realmente cuando llegue a México pude existir, ya no soy Juan, él murió, soy Johana. Pero ahora no se trata de que quiera o no quedarme en México, sino de buscar protección”.
Discover more from desastre.mx
Subscribe to get the latest posts sent to your email.
